¿Cada cuánto hay que girar el colchón?
Girar el colchón significa cambiar cabeza por pies; darle la vuelta significa dormir sobre la cara inferior. Son cosas distintas y muchos colchones modernos solo admiten la primera.
Superficies, habitaciones, manchas y rutinas para mantener la casa agradable.
Girar el colchón significa cambiar cabeza por pies; darle la vuelta significa dormir sobre la cara inferior. Son cosas distintas y muchos colchones modernos solo admiten la primera.
El suelo del garaje acumula polvo, arenilla, aceite y productos de automóvil. Barrer y tratar cada mancha antes de mojar evita convertir toda esa suciedad en una película difícil de retirar.
Una almohada no caduca de golpe. El momento de cambiarla depende del material y, sobre todo, de si sigue sosteniendo bien la cabeza y puede mantenerse limpia.
En ropa lavable, el objetivo es retirar el crecimiento, lavar según la etiqueta, secar por completo y corregir la humedad que permitió que apareciera el moho.
El moho superficial de una madera sólida puede limpiarse, pero primero hay que detener la humedad y comprobar que el material no esté deteriorado.
Reducir la humedad funciona mejor cuando actúas en este orden: generar menos vapor, expulsarlo donde se produce, impedir entradas de agua y usar climatización o deshumidificación como apoyo.
Una casa con mucho polvo no suele tener una única fuente. La clave es distinguir entre polvo que se genera dentro y polvo que entra por aire, calzado, mascotas o pequeñas fugas del edificio.
El agua en la cara interior del cristal no suele ser una fuga de la ventana: normalmente es vapor del aire interior que se convierte en gotas al tocar una superficie fría.
Para evitar gotas en las ventanas hay dos palancas: bajar la humedad del aire o mantener más caliente la superficie interior del vidrio. En muchas casas hay que trabajar un poco en ambas.
El moho en cortinas, fundas, tapicería y otros textiles del hogar exige decidir primero si la pieza es lavable, si el crecimiento ha penetrado y si puede secarse por completo.
Si la casa se siente pegajosa, huele a cerrado o aparece condensación, hay que localizar de dónde entra o se genera la humedad y por qué no consigue salir.
Antes de lijar una puerta que se atasca, averigua dónde y cuándo roza. Si el problema apareció de repente puede ser humedad; si la puerta ha caído hacia la cerradura, unas bisagras flojas pueden explicar todo.